Las Putas...¿Mujeres buenas o mujeres malas?


Los derechos de las prostitutas siguen sin reconocerse, mientras ellas se enfrentan a múltiples dificultades para ejercer su actividad y para conseguir acabar con el estigma social que pesa sobre ellas. De forma intermitente, aparecen expresiones de este conflicto: manifestaciones de prostitutas, presiones vecinales para que abandonen las calles, campañas que no sólo reclaman la prohibición de esta actividad, sino que las presentan como víctimas que ni siquiera tienen derecho a la palabra.
El cuerpo es otra forma de expresión ante la vida y ante lo que nos rodea. El cuerpo de la mujer forma parte de esa libertad que sólo la compete a ella, y en la elección de lo que puede hacer con su cuerpo reside su inviolabilidad y su dignidad como persona.Parece que a estas alturas las mujeres tenemos claro que somos dueñas de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad liberada ya de las ataduras del pasado. El siguiente embrollo está en el “a cambio de dinero”. Relaciones sexuales a cambio de dinero, como si a nosotras nos debiera importar mucho el hecho de que una mujer se gane la vida con su cuerpo, como si el cuerpo de la mujer- prostituta nos perteneciera a todas un poco, como si cada vez que una prostituta recibe a un cliente fuese que todas las mujeres nos prostituyéramos un poco en nuestras casas, en nuestros trabajos... ¡qué sé yo!.¿A quién pertenece el cuerpo de la mujer?, ¿quién decide sobre su cuerpo? ¿quién utiliza a quién?., ¿el que paga?, ¿la sociedad?, ¿la mujer? Las prostitutas..., ¿deciden realmente las prostitutas?, ¿alguien ha escuchado a las prostitutas?, ¿apoyamos a las prostitutas en la manifestación del ocho de marzo? ¿Por qué no deciden ellas desde la libertad y la autonomía?La solución no pasa por victimizar ni por criminalizar, sino por reflexionar y crear espacios que den solución a una realidad que lleva en la calle toda la vida silenciada, estigmatizada y sin derechos. ...
Pero ¿por qué se considera “malas mujeres” a las prostitutas? Porque son “sexuales”: manifiestan la sexualidad abiertamente; son independientes económicamente: cobran por lo que hacen y son ellas las que ponen el precio; pueden tener capacidad de negociar tanto el tipo de servicio como el precio; son transgresoras: rechazan las normas. Se diría que, más que por mantener relaciones sexuales, lo que se castiga de las prostitutas es que cobren por ello. Se supone que las mujeres están siempre dispuestas y “encantadas” cuando un hombre las reclama sexualmente, con lo cual, en el disfrute está la recompensa. No se tolera que la recompensa sea abiertamente económica, más cuando esta recompensa económica no es como favor por parte de los hombres, sino algo fijado de antemano por la prostituta.
La estigmatización de las putas es un elemento fundamental de la ideología patriarcal, es un instrumento de control para que las mujeres nos atengamos a los estrechos límites que aún hoy, encorsetan la sexualidad femenina. Las putas representan todo aquello que una mujer “decente” no debe hacer. Su criminalización sirve para escarmentar en cabeza ajena.
Este estigma no sólo afecta a las putas, sino que recae también sobre las lesbianas, las promiscuas, las transexuales, las que les gusta el sadomasoquismo consensuado... es decir, sobre todas aquellas que se atreven a desafiar los mandatos sexuales que aún hoy, a pesar de todos los avances, siguen rigiendo para las mujeres, y algunos también para los hombres. Un estigma, además, que pende sobre todas. No en vano aún es muy mayoritario llamar “puta”, de manera insultante, a aquellas mujeres que manifiestan comportamientos sexuales “incorrectos” desde el punto de vista de la moral dominante, o que simplemente se atreven a desafiar la situación de subordinación en la que nos encontramos (de hecho, en los primeros momentos del movimiento feminista, había gente que consideraba que las feministas eran todas unas putas).




